


"Trabajar por estudiar,
corregir y perfeccionar según las miras de Dios el corazón y el
entendimiento de los niños/as"
(Sierva de Dios Teresa Titos Garzón)
| |
XXVII Domingo del Tiempo Ordinario
5 de octubre de 2008
La viña somos nosotros y el dueño es el Señor quien nos trata
con infinito cariño a pesar de que nuestra vida, muchas veces, no tiene nada que
ver con nuestra respuesta ante la enseñanza del evangelio.
¿Dónde están los frutos de la esperanza, de la alegría, del
compartir, del bien común, en definitiva, de nuestras actitudes de amor?

(Aportaciones que llegan de diversos
autores...)

(click sobre el semáforo)

Queridos
jóvenes amigos
Nos disponemos ahora a recitar juntos la hermosa oración del Angelus. En ella
reflexionaremos sobre María, mujer joven que conversa con el ángel, que la
invita, en nombre de Dios, a una particular entrega de sí misma, de su vida, de
su futuro como mujer y madre. Podemos imaginar cómo debió sentirse María en
aquel momento: totalmente estremecida, completamente abrumada por la perspectiva
que se le ponía delante.
El ángel comprendió su ansiedad e inmediatamente intentó calmarla: «No temas,
María… El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá
con su sombra» (Lc 1,30.35). El Espíritu fue quien le dio la fuerza y el valor
para responder a la llamada del Señor. El Espíritu fue quien la ayudó a
comprender el gran misterio que iba a cumplirse por medio de Ella. El Espíritu
fue el que la rodeó con su amor y la hizo capaz de concebir en su seno al Hijo
de Dios.
Esta escena es quizás el momento culminante de la historia de la relación de
Dios con su pueblo. En el Antiguo Testamento, Dios se reveló de modo parcial y
gradual, como hacemos todos en nuestras relaciones personales. Se necesitó
tiempo para que el pueblo elegido profundizase en su relación con Dios. La
Alianza con Israel fue como un tiempo de hacer la corte, un largo noviazgo.
Luego llegó el momento definitivo, el momento del matrimonio, la realización de
una nueva y eterna alianza. En ese momento María, ante el Señor, representaba a
toda la humanidad. En el mensaje del ángel, era Dios el que brindaba una
propuesta de matrimonio con la humanidad. Y en nombre nuestro, María dijo sí.
En los cuentos, los relatos terminan en este momento: «y desde entonces vivieron
felices y contentos». En la vida real no es tan fácil. Fueron muchas las
dificultades que María tuvo que superar al afrontar las consecuencias de aquel
«sí» al Señor. Simeón profetizó que una espada le traspasaría el corazón. Cuando
Jesús tenía doce años, Ella experimentó las peores pesadillas que los padres
pueden tener, cuando tuvo a su hijo perdido durante tres días. Y después de su
actividad pública, sufrió la agonía de presenciar su crucifixión y muerte. En
las diversas pruebas Ella permaneció fiel a su promesa, sostenida por el
Espíritu de fortaleza. Y por ello tuvo como recompensa la gloria.
Queridos jóvenes, también nosotros debemos permanecer fieles al «sí» con que
acogimos el ofrecimiento de amistad por parte del Señor. Sabemos que Él nunca
nos abandonará. Sabemos que Él nos sostendrá siempre con los dones del Espíritu.
María acogió la propuesta del Señor en nombre nuestro. Dirijámonos, pues, a Ella
y pidámosle que nos guíe en las dificultades para permanecer fieles a esa
relación vital que Dios estableció con cada uno de nosotros. María es nuestro
ejemplo y nuestra inspiración; Ella intercede por nosotros ante su Hijo, y con
amor materno nos protege de los peligros.
Llega ahora el momento de deciros adiós o, más bien, hasta la vista. Os doy las
gracias a todos por haber participado en la Jornada Mundial de la Juventud 2008,
aquí en Sidney, y espero que nos volvamos a ver dentro de tres años. La
Jornada Mundial de la Juventud 2011 tendrá lugar en Madrid, en España. Hasta
ese momento, recemos los unos por los otros, y demos ante el mundo un alegre
testimonio de Cristo. Que Dios os bendiga.
XXIII Jornada Mundial de la Juventud
DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
|